viernes, 13 de septiembre de 2013

1H15' R1 + 5x100

Cuando empecé a prepararme más en serio y vi el plan de entrenamiento que iba a seguir, no entendía ni la mitad. Yo hasta entonces había salido a correr sin más. A rodar y ya está. Sólo me preocupaba el ir un poco más rápido cada día. El conseguir más distancia en menos tiempo. No se trata de eso? Para qué tanta complicación? Qué equivocada estaba! Una vez tienes cierto fondo, no mejoras realmente como corredor hasta que no sigues un plan de entrenamiento basado en rangos de pulsaciones, con rodajes, series, cambios de ritmo y por supuesto, días de descanso. Una vez me hice con mi maravilloso pulsómetro-GPS, me puse a seguir a rajatabla las sesiones de entreno con los rangos de pulsaciones. Me di cuenta de que hasta que no lo haces, no te bajan las pulsaciones, indicador de que el corazón se vuelve más eficiente. Me había sorprendido en el último Medio Maratón que corrí cuando vi las pulsaciones medias tan altas que marcaba mi pulsómetro (casi 180, cuando mi valor máximo es 190). A partir de ahí, me limité a rodar a unas 150-160 ppm. Este sería en mi caso el rango aeróbico, que es aquel en el que, sin tecnicismos, podrías mantener una conversacion mientras corres. Aquello significaba trotar a ritmo lentísimo comparado a lo que yo estaba acostumbrada. No entendía que, a pesar de tener ya bastantes kilómetros a mis espaldas, tuviera que correr tan despacio para mantener ese rango de pulsaciones. Pero me mantuve firme y en poco menos de 2 meses, mis pulsaciones en reposo pasaron de ser unas 60 a unas 50 de media. Y mi ritmo de rodaje manteniendo las 160 ppm era cada vez más rápido. Me pareció y me parece alucinante el cambio tan brutal en ese sentido y me di cuenta de la importancia de entrenar basándose en las pulsaciones. Hay que entrenar con el corazón, en todos los sentidos.

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